¡Ropa sana! La importancia de las telas.

¿Qué queremos decir con ropa sana?

 

 

Todos y cada uno de nosotros hemos acariciado alguna vez la suave piel de un bebé y la hemos sanamente envidiado. Una piel, que los primeros años de vida aún es muy delicada y requiere cuidados especiales porque es más sensible a ciertas sustancias tóxicas que habitan en su ropa y que podrían no estar ahí.

 

Cuando hablamos de química y tóxicos en moda, lo hacemos desde dos puntos de vista principalmente. Los tóxicos generados durante todos los procesos de confección de una prenda y los químicos que absorben los tejidos durante su transformación, desde el cultivo del tejido o su fabricación, hasta que llega a las tiendas para ponerse en manos de los consumidores.

 

Hasta la fecha sólo se cuenta con informes de expertos y científicos independientes, que mediante asociaciones profesionales que defienden la sanidad pública o ONG como Greenpeace, trabajan por una salud digna para todos. Estas investigaciones han encontrado infinidad de químicos en el textil, incluida ropa para niñ@s, pero todavía no se sabe con certeza los efectos que éstos pueden provocar sobre su salud. Nombres extraños como Alquifenoles o Ftalatos entre muchos otros, que se utilizan en procesos de lavado, teñido o reblandecimiento de plásticos, antiadherentes o anti manchas. Son como pequeños monstruos que entran a formar parte de nuestras vidas, sin que nosotros los hayamos invitado.

 

Los efectos que pueden producir son a medio y largo plazo y los relacionan con alteraciones del sistema endocrino y enfermedades de la piel, entre otros. Por eso requieren especial atención en este caso l@s niñ@s, los más sensibles frente a cualquier sustancia que pueda afectar a su salud y desarrollo.

 

Problemas

El principal problema proviene de la enorme variedad de países que producen ropa y la distinta regulación que existe en cada uno de ellos respecto al uso de determinados productos químicos. Se dice por ahí, que en este caso las marcas no incumplen las normas. Pues si en un determinado país no existen leyes que regulen estos usos, se supone que no es culpa suya. Pero me atrevería a decir que deben asumir compromisos en toda su cadena de producción,  y cumplir sus políticas de responsabilidad corporativa pomposas, que se saltan a la primera de cambio.

 

A fin de cuentas, es una cuestión de dinero. Sin restricciones ambientales sale más barato el proceso de manufacturación y muchas marcas se aprovechan de ello. Pero ¿a costa de quién? Del planeta y de nuestr@s peques.

 

Desde el año 2010, Greenpeace ha puesto en marcha la campaña DETOX para promover una campaña de Moda sin tóxicos. Mediante la campaña informan sobre los productos químicos que no deberían estar presentes en la ropa y animan a las marcas a que avancen en este sentido. Piden transparencia y responsabilidad y el 2020 es la fecha que han establecido para conseguir su objetivo.

 

Lo que tendrán que cumplir las 17 marcas que se han comprometido hasta ahora, y las muchas otras que se sumarán, es la reducción total de sustancias químicas de sus vertidos, en toda la cadena de suministro y en el ciclo de vida de sus productos. Queda muy poco tiempo y el greenwashing está a la orden del día. Para ello se les pide acciones, resultados concretos, medibles y compromisos creíbles.

 

¿Te unes a la Detoxificación de su futuro?


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